viernes, julio 18, 2008

Leer a NAGUIB MAHFUZ

¿Cómo sería la vida de Naguib Mahfuz sin la puñalada que recibió la tarde del 14 de octubre de 1994?
Aquel día, el escritor, tras salir de su casa, fue atacado por un integrista religioso, que consiguió clavarle un cuchillo en el cuello. Salvó su vida porque el amigo que le acompañaba en aquel momento era médico y porque el atentado se produjo al lado de un hospital. Desde entonces, le acompañaron las secuelas de aquel ataque. Por ejemplo, su brazo derecho quedó paralizado. “Tuvo que aprender de nuevo a coger el lápiz –cuenta Mohamed Salmawy, su amigo médico–, como si fuera un niño, ¡él, que había recibido el mayor premio literario del mundo! Y lo hizo sin quejarse. Consiguió al final, tras mucho ejercicio, poder escribir media hora al día, aunque nunca más aquella letra clara de antes.”

“Es cierto –contaría el propio Mahfuz–, la amistad, en esta etapa de mi vida, es lo más importante. De ella saco el apoyo y la fuerza necesarios para vivir, un día tras otro. Ahora ya no puedo leer ni escribir, pero mis amigos son mis ojos, mis orejas y mi pluma. Sin ellos, estos hubieran sido los años más miserables de mi vida. Mis carencias me aíslan del mundo, así que tengo que preguntarles qué cosas nuevas suceden en el campo de los libros, la música o el arte. El poquito de conocimiento que extraigo de eso es muy importante para mi bienestar, tanto mental como físico.”

¿Cómo escribe ahora Mahfuz?
“Pienso una historia, la memorizo y la dicto. Es apropiado para mi estado de salud, los sueños proceden del interior de las personas, no es necesario ver ni oír para captarlos en su plenitud. Es lo que puedo hacer ahora. No necesito vivir otras experiencias, porque ya estoy viviendo una interna. Tengo un sueño, lo vivo como algo real y, luego, lo transformo en algo parecido a una novela, algo completo y que tenga significado.”
“Destilo cada frase y cada idea hasta encontrar su esencia. Algunos críticos lo han comparado con los ‘haikus’, pero los que escriben esos poemas japoneses son libres para escoger la forma que prefieran. En mi caso, la necesidad me ha obligado a ser breve. Solamente puedo escribir historias cortas, condensadas, no puedo hacerlo durante más de media hora, me canso, aunque pueda pasarme días dándole vueltas a la cabeza.”

“Sí, la modernización es un proceso natural, las civilizaciones se desarrollan gradualmente y la interacción entre ellas es imprescindible. No se puede ignorar a otra civilización porque todas contienen algo humano. El egipcio es abierto por naturaleza. Su ubicación geográfica, entre los tres continentes más antiguos del mundo, ha permitido una continua interacción con las otras culturas. La naturaleza del egipcio es tolerante, pues es protagonista de una civilización que nunca cerró sus puertas a las otras que pasaron por sus tierras a lo largo de la historia.”

Y precisamente por eso recibió en 1988 el premio Nobel de Literatura. Fue el primer árabe —y hasta ahora el único— en conseguirlo. Mahfuz creía en la utilidad de las palabras.
“Cuando se habla de conciencia, hermandad y justicia en el mundo, alguna gente dice que eso sólo son palabras que expresan sueños. Pero no sólo las pesadillas pueden hacerse realidad, también pueden materializarse los sueños”.
“La justicia consiste en tener respeto por el derecho de la gente a vivir como quiera”.

Con novelas como El callejón de los milagros, la Trilogía de El Cairo, Hijos de nuestro barrio, Jan Aljili, El ladrón y los perros y Miramar, entre otras, Mahfuz abordó repetidamente el tema de la lucha de los seres humanos por mantener la memoria, la dignidad y el amor frente al destino y las convenciones sociales. Su lenguaje siempre fue comprensible y sencillo.

“Si las ganas de escribir me abandonan un día, deseo que ése sea el de mi muerte”, declaró en 1988.
En noviembre de 1994, en el hospital cairota adonde le había llevado tras el atentado sufrido el mes anterior, Mahfuz citó el viejo proverbio árabe: “Los perros ladran, la caravana sigue su camino”. Pero los achaques y las amenazas de los fundamentalistas le mantuvieron desde entonces prácticamente recluido en su hogar, con salidas esporádicas y controladas por la policía. En febrero de 2003 Naguib Mahfuz tuvo que ser hospitalizado. Tenía entonces 92 años y, sin haberse recuperado nunca de las puñaladas que le habían dado en 1994 unos terroristas islamistas, el único escritor árabe galardonado con el premio Nobel de Literatura tuvo que ser ingresado en el Hospital de la Policía de Al Aguza, de El Cairo, donde falleció.




2 comentarios:

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

me encantó todo lo que leí...

EntreRenglones dijo...

...Gracias por leer, por comentar: ¡Gracias a ti! ME ALEGRO: